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El aspecto que tenía Alejandro parecía de ultratumba. Luis inmediatamente le indicó a los niños que entraran al lugar, pero varios alcanzaron a verlo ensangrentado y con los ojos abiertos. De todas formas, el grupo de niños que jugaba afuera salió corriendo al interior del orfanato mientras Luis y yo corríamos en dirección de Alejandro.
Cuando llegamos con él, el hombre se desplomó y cayó de rodillas. Intenté ayudarlo, pero Luis lo tomó por los brazos y lo levantó.
—¿Estás bien? —le preguntó, y