Capítulo 28. Un Oasis Inesperado: Valentina.
El último acorde del piano se desvaneció en el aire, y los aplausos educados de los invitados me trajeron de vuelta a la cruda realidad. Había sido un hechizo, un momento suspendido en el tiempo donde solo existíamos Alejandro y yo, comunicándonos a través de la letra de una canción que había desgarrado mi alma. Sus ojos grises, fijos en los míos, habían prometido un mundo imposible, una verdad secreta en medio de la farsa. Pero el velo de esa ilusión se rompió cuando Valeria se acercó a él, su