—¿A dónde vamos, papi? —inquirió Loana, abrazando a Darius por el cuello e intentado darle algo de calor al verlo solo en una camiseta gris.
—No sé, mi amor —murmuró y terminó riendo ante su arrebato, deteniéndose una calle más arriba de la casa de Jolie—. Hace frío, ¿verdad?
—Mucho —su pequeña lo abrazó aun más fuerte y escondió la cabeza en el cuello del hombre—. Si te abrazo fuerte ya no sentirás frío.
Darius volvió a reír y dejó un beso en su frente, agradeciendo que su pequeña fuese su anc