Por primera vez en lo que parecía una eternidad, no lo busqué. No recorrí los pasillos ni los campos de entrenamiento. No miré el reflejo de los cristales pulidos con la silenciosa esperanza de verlo aparecer. La simple visión de él hacía que mi corazón se acelerara, esperando que surgiera detrás de mí como esa gravedad silenciosa de la que jamás podría escapar.
Me mantuve alejado de Aldric.
La decisión se sintió como arrancarme la piel de los huesos.
No era ira. No exactamente.
Era agotamiento