CAPITULO 6
Pequeñas punzadas, agudas y dolorosas, estallaron en el centro de su pecho, acompañadas de un sudor frío que le heló la sangre. El impacto de la revelación fue demasiado brutal. La habitación entera giró a su alrededor y sus piernas, enfundadas en altos tacones, flaquearon peligrosamente, cediendo ante el peso del terror. Pero antes de que Karen pudiera desplomarse sobre el inmaculado suelo de mármol, Vladimir se movió con una velocidad antinatural, casi depredadora. Su gran mano se cerró alrede