Vladimir no supo que responder, luchaba consigo mismo para alejarse de ella lo mas que pudiera de ella, pero era como si sus manos estuvieran pegadas a su cuerpo, no quería continuar, pero tampoco quería detenerse y eso le enferma, pero al mismo tiempo siente que se excita.
Su corazón desenfrenado lo enloquece haciéndolo maldecir por dentro. “no puedo… no puedo detenerme”.
Sus ojos buscaron los de ella, la oscuridad y el deseo lo cegaban, la toma de sus mejillas con una de sus manos inmovilizán