Era el último día de Mel con la regla y esa mañana se despertó con una mancha de sangre en su compresa. Se había levantado para orinar cuando notó la mancha. En días como ese, ya sabía lo que le esperaba.
Con una toalla envuelta alrededor de la cintura, se acercó a la puerta de su habitación para asegurarse de que estuviera bien cerrada. En ese momento, no quería que Esther la pillara masturbándose, sobre todo porque la última vez que ocurrió, Esther se burló de ella por ser descuidada.
La puer