Mel deslizaba el dedo frenéticamente por su teléfono, pero los matches de Bumble no estaban funcionando.—¡Argh!Arrojó el teléfono y se golpeó la palma contra la frente. Su rostro se contrajo en una mueca.Era esa época del mes y el deseo por la ovulación estaba activándose.Su teléfono vibró y apareció el ícono de mensaje en la notificación.—¡Por favor, que esta cuente! —suspiró Melissa.En la aplicación de Bumble, apareció un mensaje de un posible match:«Hola, primero que nada, tu foto de perfil está brutal. Segundo (jaja), ¿podemos ser amigos?»Melissa salió del mensaje y revisó su perfil.—¿Veinte? ¿Qué soy yo, una pedófila? —se burló.La descripción del perfil decía: Loski, veinte años, hombre negro británico, metro sesenta y cinco, musculoso, etc.—¡Y enano!—Mel, ¿esto es por lo que pagaste cinco libras? —se rio, mientras seguía leyendo el perfil.Su entrepierna se contrajo, el ceño fruncido se convirtió en un gemido bajo. El tiempo se le estaba acabando.Aceptó el match y f
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