Un polvo fallido de una noche.
Era un ambiente que le pegaba perfecto a un soltero como él, pensó Esther.
Aunque el piso de Loski no era tan lujoso como el de su amiga, a ella le encantaba ese estilo minimalista que tenía.
Sonaba jazz suave de fondo y las luces de colores le daban un toque cálido y acogedor al lugar. La pared pintada de crema desaparecía bajo los reflejos multicolores.
Casi no había nada más que la cama y unas cuantas cosas suyas; la casa estaba prácticamente vacía. Los ojos de Esther no paraban de recorrer