Ambientación: La mansión Vieri. El primer semestre del cautiverio. La guerra psicológica.
La Casa Vieri, ahora un templo de la disciplina y el orden, se había convertido en una prisión de oro para el sobrino de la Bratva. Su suite de invitados era un santuario lujoso, pero cada comodidad, cada tutor privado, cada comida servida, era una cadena forjada por la mentira de Demian Vieri.
El niño, a sus nueve años, había desarrollado una estrategia de resistencia silenciosa. No gritaba, no lloraba, ni se quejaba. Hablaba solo cuando era absolutamente necesario, utilizando un tono tan plano y lógico que desarmaba a sus tutores. Su mirada, sin embargo, era un escáner constante. Sus ojos de ónice analizaban el organigrama de seguridad, las costumbres de la servidumbre y, sobre todo, los patrones emocionales de Demian y Valeria.
La Vigilancia de la Nana y la Deuda de la Vieja Guardia
La única persona con la que el sobrino mantenía una comunicación genuina era su Nana. Demian había permitido que