Entré en la villa, siguiendo los pasos de León, que ya había entrado antes con su maleta. El aire aquí era frío, muy diferente de la mansión, siempre cálida por la calefacción central. Temblé un poco, pero no sabía si era por la temperatura o por el nerviosismo que no dejaba de acompañarme.
Esta villa se sentía más viva que la mansión de León. Sus paredes de piedra vista daban una sensación cálida y rústica. La gran chimenea de la sala ya estaba encendida, lanzando una luz anaranjada que parpad