Ya ha pasado más de un mes desde que me encerré en este apartamento alquilado.
Detrás de la ventana que nunca abro, el mundo sigue girando. El sol sale y se pone. Los coches pasan. La gente va a trabajar, vuelve del trabajo, come, duerme y repite todo otra vez al día siguiente.
Pero aquí, el tiempo parece congelado. No salgo. Solo me tumbo en la cama, miro el techo agrietado y espero. ¿Esperar qué? Yo misma no lo sé.
Este apartamento es como un barco naufragado. Envolturas de comida esparcidas