XXXIX. Libertad
—Gracias, Niklas —susurré, limpiando las lágrimas que no dejaban de caer, lágrimas que en ese momento me permitía derramar con una emoción incomparable—. Gracias por lo que hiciste por mí. Espero que salgas con bien de esa casa y pronto pueda agradecerte en persona…
Recordé entonces que me había dado un teléfono y lo busqué por todas partes de mi cuerpo, pero no lo sentí por ninguna parte. Se debió caer en algún punto del bosque cuando corría o cuando me caí sin que me diera cuenta, pero aún te