—Presidente Novak, me pondré a trabajar—.
Susan se sintió avergonzada por lo que él había dicho. Sin embargo, antes de salir de la oficina, le lanzó una última mirada.
Stefan no había dejado de observarla. Estaba apoyado en el escritorio, con los brazos cruzados. En su rostro se dibujaba una expresión de tristeza y soledad.
Susan se sorprendió.
¿Un hombre que lo tenía todo también podía sentirse vacío?
Ese pensamiento la dejó desconcertada por un instante.
Luego, se dirigió al departamento de d