—¿Qué sucede, primo?
Tadeo, que estaba detrás, vio la expresión de asombro de él y sintió que algo andaba mal, preguntándole apresuradamente.
En ese momento, Eloy parecía como si le hubieran arrancado la mitad de su alma, parado en el lugar, con los ojos sin vida y empapado por completo en un sudor frío. Ante el interrogatorio de Tadeo, ni siquiera lo miró.
—¡Tú, mocoso, ¿qué le has hecho a mi primo?
Lorenzo respondió sarcásticamente:
—Si quieres saberlo, ¿por qué no se lo preguntas mejor a él?