En un instante, todos los taxis se desintegraron por completo, ¡hechos totalmente añicos!
—¡Nuestro coche!
—¡Maldito bastardo! ¡Ha destrozado el coche!
De repente, los ojos de todos se tiñeron de rojo, todos ellos estaban llenos por completo de una ira incontenible. El conductor, aún más furioso, le gritó con fuerza a Lorenzo:
—¿Qué demonios te pasa maldito engendro? ¡Te dije que nos dieras el dinero, no que destrozaras el coche!
—A mí me agrada el intercambio justo. Si tengo que darte dinero, e