—¿Matar gente te hace grande? ¡Si tienes agallas, mátanos a todos! ¡No te tenemos miedo!
Especialmente los familiares del anciano le gritaban desenfrenadamente. Los demás también lo criticaban, lanzándole insultos por todas partes.
Helena, con una expresión de total incomodidad, intentaba explicárselo, pero sus palabras no podían ahogar los insultos. ¡Era imposible defenderse!
Lorenzo se mantuvo imperturbable mientras se acercaba al anciano tumbado en el suelo y se inclinaba ligeramente.
Octavio