El cuerpo del hombre con anteojos voló muy alto, trazando una curva perfecta antes de caer de cabeza profundamente en la tierra. ¡No se movió en lo absoluto!
—¡Quien no se disculpe! —dijo Lorenzo levantando la barbilla.
—¡Será enviado abajo, al inframundo, para que se disculpe personalmente ante mi padre!
Su mirada afilada era como un gran bloque de hielo.
La expresión de Octavio se volvió oscura, ¡apretando con fuerza las cuentas de madera en su mano hasta hacerlas polvo!
—¡Jefe, jefe! ¡Este mu