¡Yo sinvergüenza! ¡Esa escena había desatado una ola de grandes emociones en el corazón de todos!
—Así que en la mesa de juego, ¡todo es posible! ¡Y ahora, el que pierde eres tú!
Lorenzo miró fijamente a Ismael con una mirada penetrante y muy afilada, mientras ese último se quedaba totalmente petrificado, con el rostro tan gris como la suave ceniza, y exclamaba incrédulo:
—¡Imposible! ¡Vi claramente dos dos y un uno!
Esas palabras hicieron que David se levantara muy furioso, con el rostro enro