Pero lo que vieron fue...
—¡Señor Reyes, has hablado tanto, ¿seguro que te has quedado ahora sin voz? ¡Ven, toma un poco de té!
—Señor Reyes, ¿qué te parece mi técnica de masaje?
—¡Ay, señor Reyes, esta silla es de muy mala calidad! ¡Ven, siéntate en la mía! ¡Es ergonómica!
Una docena de jóvenes mimadas se agrupaban animadamente alrededor de Lorenzo, masajeando sus piernas, preparándole frutas, adulándolo como si fuera su rey.
—¿Qué está pasando aquí? —le preguntó Yelena con gran asombro al entr