Volví de Turín el tercer día.
El tren de la mañana. La ventana y los campos del norte de Italia pasando con el ritmo de las cosas que uno mira sin ver porque lo que está mirando en realidad está adentro.
Llevaba el cuaderno abierto sobre las piernas.
No escribía. Solo lo tenía ahí.
Las páginas de los dos días anteriores. Lo que había escrito en el café cerca de la Mole sobre el hospital y la clínica y el portal y la diferencia entre las tres personas que había sido y la persona que era ahora.
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