El juicio de Harold McKenzie comenzó un lunes de septiembre.
No el proceso civil que había presentado contra mí y que el juez había desestimado en enero. El proceso penal, el que había estado en construcción durante meses con el expediente que los fiscales habían armado con la paciencia de quienes saben que los casos grandes requieren tiempo y que el tiempo bien invertido produce resultados que los atajos no pueden producir.
Diecinueve cargos.
Fraude financiero en cuatro jurisdicciones. Soborno