C87

Cuando se quedaron solos Gabriel se acercó a Alan y con una sonrisa llena de cinismo lo miró a la cara.

—De verdad no salgo del asombro —Se carcajeó—. No sabes cuánto me encantaría verle la cara a Jeremith si se llegara a enterar que su amigo y hermano del alma le quería bajar a su mujer.

—Gabriel no puedes decírselo a nadie.

—¿Por qué? dame una buena razón.

—S

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