Mundo ficciónIniciar sesiónCuando se quedaron solos Gabriel se acercó a Alan y con una sonrisa llena de cinismo lo miró a la cara.
—De verdad no salgo del asombro —Se carcajeó—. No sabes cuánto me encantaría verle la cara a Jeremith si se llegara a enterar que su amigo y hermano del alma le quería bajar a su mujer.
—Gabriel no puedes decírselo a nadie.
—¿Por qué? dame una buena razón.
—S







