Sus ojos se abrieron por la sorpresa, vio a todos lados y sonrió nervioso.
–¿De mí?
–No Sean, es del chófer –rodé los ojos –. Ya te lo dije, es tu problema si crees que es tuyo o no, después de todo no necesito nada…
–Espera, espera, es solo que… bueno… me puedes dar un minuto para procesarlo.
Me detuve al ver su rostro confundido, acepté esperando en silencio, él movió sus manos nervioso, miro a la mesa, estaba inquieto, no pasó mucho antes de que hablará.
–¿Cuánto tiempo tienes?
–Tal vez do