(Punto de Vista: Valentina Palacios)
El viento cálido de los Cayos de Florida golpeaba mi rostro mientras el yate de Jesse cortaba las olas con una suavidad casi irreal. Miami, con sus rascacielos llenos de secretos y la sombra asfixiante de Christina, se sentía como un mal sueño que se desvanecía en el horizonte. Jesse había insistido en que necesitábamos aire, un espacio donde las paredes no tuvieran oídos y donde el apellido Andrews no fuera una maldición.
Estábamos fondeados en una cala sol