Valentina Andrews
Caminar por las calles de Miami ya no se sentía como una huida constante. Ahora, con mi nuevo documento de identidad reposando en mi bolso, el aire parecía más ligero y el sol más brillante. Me detuve frente a la imponente fachada de Onyx, el club de Jesse, y ajusté mi vestido de seda color esmeralda. Era una prenda atrevida, que se ceñía a mis curvas como una segunda piel y dejaba al descubierto mis hombros, resaltando el tono canela de mi piel que tanto volvía loco a Jesse.