Si alguien me hubiera dicho hace un año, mientras caminaba por las calles de Caracas con el corazón en un puño y el miedo como sombra, que hoy despertaría en un palacio de cristal frente al Atlántico, le habría dicho que escribía demasiada ficción. Pero aquí estaba. El sol de Miami se filtraba a través de los ventanales de doble altura de nuestra nueva casa: Villa Selene.
Fue el regalo de Arthur, mi madre y la abuela Eloisa. Un gesto de redención y amor que sellaba nuestro nuevo comienzo. La ar