Aurora mostró un ligero cambio en su rostro. Desde el día en que cayó del edificio, no había vuelto a ver a Ezequiel. En cambio, su abuelo y Ulises venían a verla todos los días, especialmente Ulises.
Mientras pensaba en ello, entró por la puerta una figura erguida y poderosa. Aurora rápidamente reunió sus pensamientos y miró al recién llegado.
—¿Por qué has vuelto otra vez? ¿No dijiste que tenías trabajo en el ejército que atender?
—El trabajo puede esperar. Hoy, cuando te den el alta, debo ll