—Cada día que he estado acostada, he estado deseando salir y tomar un poco de aire fresco—dijo, sonriendo mientras se sentaba en el asiento trasero. Sin embargo, su sonrisa se congeló cuando su mirada se desvió sin control hacia la salida del hospital. Ezequiel salía llevando en brazos a Jazmín, su hijo sonriente tiraba de su chaqueta, como si estuviera llamándolos dulcemente: papá y mamá.
Su corazón, ya lleno de heridas, recibió otro golpe, haciéndola sentir como si le estuvieran clavando un cu