—Espero que la próxima vez que vea a la señorita Morales, me permita llamarla señora Mendoza— dijo Aurora con las manos a los costados de su cuerpo, mirando a Jazmín con calma. Desde el momento en que decidió divorciarse, le resultaba irrelevante quién estuviera con Ezequiel.
—Tomaré tus palabras en cuenta. Aunque no me convierta en la señora Mendoza, al menos tengo a Yago. Es una bendición para una mujer tener un hijo, pero algunos pueden ser una maldición— respondió Jazmín.
Confundida por las