Aurora no sintió que el peligro se acercaba mientras sus ojos brillaban, fijos en el blanco en la distancia, sintiendo que el milagro estaba a punto de suceder.
Dos disparos sonaron casi simultáneamente, pero el último proyectil, que debía haber golpeado el centro, fue desviado por otro.
Frunció el ceño y miró hacia el lado, sintiéndose como si le hubieran clavado una aguja en un punto de presión, dejándola paralizada.
Ezequiel sostenía la pistola con una mano, una sonrisa burlona y sarcástica j