Mundo ficciónIniciar sesiónLa mansión Valente, que durante décadas había sido el símbolo de un poder absoluto e inquebrantable, se sentía esa noche como un mausoleo. Roberto Valente caminaba por el gran salón de mármol, pero sus pasos ya no resonaban con la autoridad de un rey. Ahora, el sonido era el de un hombre que huía de sus propias sombras.







