Capítulo 60: Sin ruedas
El regreso de Sarah al ático fue una fiesta silenciosa.
Damián y Elena habían llenado el salón de flores blancas. No había música alta, solo el sonido de la lluvia golpeando suavemente los cristales.
Sarah entró con Mateo en brazos. Caminaba despacio, todavía dolorida, pero sonreía.
—Huele a jardín —dijo ella, respirando hondo.
—Es para limpiar el aire —dijo Elena, abrazándola con cuidado—. Queríamos que Mateo oliera flores, no gasolina.
James Sterling estaba en el sofá,