Capítulo 27: Caminos invisibles
La mañana siguiente al lanzamiento, el ático parecía una bolsa de valores. Los monitores parpadeaban con luces verdes. Cada luz era un nuevo cliente.
—¡Trescientos pedidos confirmados! —gritó Leo desde su fortaleza de pantallas—. El sistema aguanta, pero apenas.
Damián caminaba de un lado a otro con el teléfono pegado a la oreja. Su cara, sin embargo, no mostraba celebración. Mostraba preocupación.
Elena se acercó con dos tazas de café.
—¿Qué pasa? —preguntó ella