Capítulo 22: Cenizas y diamantes
El coche negro se detuvo frente a un edificio moderno en el barrio más exclusivo de la ciudad. No era la mansión gótica y antigua de los Valente. Era una torre de cristal y acero que gritaba futuro.
Sebastián, el asistente de Elena, les abrió la puerta.
—Bienvenido a casa, señor Valente —dijo Sebastián con respeto.
Damián miró el edificio. Sabía que Elena era una Lombardi, pero hasta ese momento, la abstracción no se había vuelto realidad. Subieron en el ascenso