Capítulo 20: Un callejón sin salida
El aire frío de la noche golpeó la cara de Esteban mientras corría por las calles traseras de Montecarlo. El alcohol y el pánico hacían que sus piernas pesaran como plomo.
—¡Déjame en paz! —gritó Esteban al aire, mirando hacia atrás.
Damián lo seguía a paso rápido, sin correr, como un lobo que sabe que su presa ya no tiene escapatoria.
Esteban giró en una esquina buscando la avenida principal, pero se encontró con un callejón sin salida que daba a un muelle d