Capítulo 18: La coartada perfecta
La maleta de Elena estaba abierta sobre la cama, llena de vestidos de seda, joyas y tacones de aguja. Parecía el equipaje de una princesa, no el de una mujer que iba a la guerra.
—¿Crees que es suficiente? —preguntó Damián, apoyado en el marco de la puerta, observándola con una sonrisa divertida.
—Vamos a Mónaco, Damián. La apariencia lo es todo —respondió Elena, guardando un estuche de terciopelo—. Si queremos llamar la atención de Esteban, tenemos que brillar