—¡Hermanito! ¿Qué es lo que te sucede? ¿Debo llamar a una ambulancia? —Ana estaba asustada, y yo también. Quería ayudarlo, pero no podía. Mi hermano se apoyaba tembloroso en el marco de la puerta, llorando tan fuerte que parecía que iba a perder el conocimiento.
—No te preocupes por mí... no te preocupes. Vete —dijo entre sollozos, con la voz entrecortada, mientras apretaba con dolor el dibujo familiar contra su pecho.
Después de un rato, Ana, sin otra opción, se fue. Antes de marcharse, le pidi