—¡Santiago! ¿Cómo te sientes, hijo? ¿Te sientes ya mejor?
—Me siento mucho mejor, papá. Pero, ¿quién fue la persona que me salvó? Quiero agradecerle en persona por darme una segunda oportunidad de vivir.
Mi hermano, aún débil, levantó aturdido la mirada hacia papá, esperando una respuesta.
Al oír eso, papá vaciló por un instante, su expresión parecía quebrarse ligeramente, pero pronto recuperó la compostura y sonrió con agrado.
—Santiago, solo concéntrate en recuperarte. Ya le he dado las gracia