La noche anterior al gran día, el ambiente en la habitación de Cassandra se sentía denso, cargado de una anticipación que casi no le permitía respirar. Se encerró en el baño, asegurándose de que Luca durmiera profundamente, y marcó el número de la clínica. Su corazón latía a mil por hora cuando escuchó la voz ronca de Sebastian al otro lado de la línea.
—¿Cassandra? ¿Pasa algo? Es tarde —preguntó él, con un tono de alerta inmediato.
—No pasa nada malo, Sebastian... —susurró ella, apoyando la fr