Cassandra estaba allí, observando desde cierto ángulo a su pequeño hijo que dormía sobre la cama. La preocupación la devoraba viva. Aunque la pediatra le había explicado que no era nada de suma gravedad, ver ese cuerpecito tan débil y darse cuenta de que su característica sonrisa estaba apagada le propinaba un golpe brutal en el corazón.
Sumida en sus pensamientos, acariciando la idea de que todo este infierno terminara pronto, unos toques fuertes y autoritarios en la puerta la sacaron de su en