El lunes por la mañana llegó con la misma monotonía de siempre. El imponente edificio de cristal de la compañía se alzaba en el centro financiero de la ciudad, proyectando su enorme sombra sobre las calles transitadas. Para cualquiera que observara desde afuera, era solo el inicio de otra semana. Y en el interior, el ambiente no era diferente.
Sebastian cruzó las puertas automáticas del vestíbulo principal a las ocho en punto, con el traje impecablemente planchado y un café en la mano. No hubo