Apoyado en el umbral de la puerta abierta estaba Alexander. Tenía una enorme sonrisa en la cara, pero a Cassandra no le pasó desapercibido que la expresión en sus ojos era diferente; una sonrisa que no parecía realmente sincera, sino calculadora.
—Dime, ¿cómo te ha ido en todo lo que debías hacer? —preguntó Alexander, cruzándose de brazos—. Creo que te llamé hace rato, pero parecías muy apresurada al teléfono. ¿Pasó algo?
Cassandra se tensó un poco, soltando a Luca con disimulo.
—No, no ha pasa