Cassandra no se dio cuenta en qué momento exacto había caído en un sueño profundo. El cansancio acumulado y la tensión de las últimas horas le habían cobrado factura, apagando sus sentidos por completo. Solo fue consciente de que se había quedado dormida por el resto del trayecto cuando sintió que alguien la tocaba.
Unas manos firmes la zarandearon con suavidad, rompiendo la bruma de su letargo. Abrió los ojos de golpe, desorientada, y se encontró con el rostro de Sebastian a escasos centímetro