El elevador llegó a la planta baja. Las puertas se abrieron y Cassandra salió disparada hacia el vestíbulo, casi huyendo de la proximidad que acababa de asfixiarla. Pero Sebastian no estaba dispuesto a dejarlo pasar. Salió tras ella, acortando la distancia con zancadas largas hacia la salida del edificio.
—Espera, espera —la llamó, alcanzándola—. ¿Te encuentras bien?
Cassandra se detuvo en seco. Giró sobre sus talones y le clavó una mirada asesina, un escudo de hielo perfecto para ocultar el te