Durante el trayecto al trabajo, Cassandra fue absolutamente incapaz de concentrarse en la conducción. Su mente estaba atrapada, perdida en las tortuosas preguntas de su hijo. Aunque eran las dudas sinceras y típicas de un niño pequeño, a ella le dejaban el corazón completamente arrugado. No tener una respuesta real que darle la carcomía por dentro, llenándola de una culpa asfixiante.
¿Cómo podría ser sincera con él?, pensaba, apretando el volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos.