Unos días despues en la tarde, todo transcurría tranquilo en la sala principal de la propiedad. Cassandra y su mejor amiga conversaban animadamente en los sofás, compartiendo un té y poniéndose al día después de tanto ajetreo. Sin embargo, la amiga miró el reloj en su muñeca y dejó la taza sobre la mesa con una sonrisa de disculpa.
—Bueno, ya me tengo que ir —anunció, poniéndose de pie y alisando su falda—. Realmente se me hizo tarde. Vendré en otro momento para que sigamos hablando, ¿de acuerd