Una vez dentro de su habitación, Cassandra cerró la puerta a sus espaldas y se dejó caer al borde de la cama, abrumada. Las palabras de Alexander seguían resonando en su cabeza como un eco incesante. No era su intención ocultarle la verdad a su hijo, jamás lo había sido, pero ¿cómo le explicaba a un niño tan pequeño una realidad tan cruda sin destrozarle el corazón? Simplemente no había manera.
No tenía el valor para mirar a Luca a los ojos y confesarle que su padre, al enterarse de su existen