—Te creo, digamos que dices la verdad —susurró sarcástico.
—Mientras yo estuviera cerca de ti, y mis hermanos lo supieran, ellos iban a encontrar la forma de matarte —confesó ella, dejando caer la barrera que había mantenido levantada durante años—. ¿Acaso olvidas lo del incendio? Casi pierdes la vida. Y no fue así porque yo pude escuchar antes la conversación de mis hermanos. Supe de lo que eran capaces.
Se llevó una mano al pecho, apretando la tela de su blusa justo a la altura del corazón.