El timbre del apartamento de Jordan sonó con tres golpes secos y firmes que retumbaron en las paredes como un anuncio de tormenta. Jordan, que apenas intentaba recuperarse de la tensa discusión con Samantha, caminó hacia la entrada con el corazón latiéndole desbocado. Al abrir la puerta, se topó de frente con dos placas policiales. El jefe de detectives, acompañado por el nuevo fiscal a cargo de la investigación, lo miraba con una severidad que no daba margen a excusas.
—Señor Jordan —llamó el